La paulownia debe su nombre a la Gran Duquesa Anna Pavlovna de Rusia, hija del Zar Pablo I de Rusia. También se la conoce como árbol de la emperatriz. Aunque es originaria de China, Laos y Vietnam, se cultiva comercialmente desde hace tiempo en Corea y en también en Japón, donde se conoce como kiri, shima-giri o kawakami (que en realidad, esta última es una de las especies de paulownia). En lengua inglesa se la conoce también como empress tree, princess tree, sapphire Princess, sapphire Dragon, o foxglove tree.
En multitud de ocasiones es el nombre de kiri el que se aplica a la madera a nivel comercial en multitud de países, así como al propio árbol. En España, su nombre está castellanizado como paulonia, aunque es más habitual referirse a ella por su nombre científico, concretamente, por el género, pues, en realidad, paulownia no es una especie, sino un género que incluye hasta 17 especies según unos taxonomistas, aunque otros reducen ese número a 6, considerando al resto como variedades o subespecies.
Thumberg, el botánico suizo que la identificó y dio nombre en 1781, la clasificó dentro de la familia bignoniaceae, aunque media siglo más tarde, dos botánicos alemanes, Siebold y Zuccarini incluyeron la paulownia dentro del género scrophulariaceae. Actualmente, parece más preciso considerar una nueva familia monogenérica llamada paulowniaceae, cercana a la familia. Sin embargo, en innumerable bibliografía no actualizada, así como en la definición que de paulonia hace el diccionario de la Real Academia, sigue apareciendo como una scrophulariaceae.
La especie más conocida desde hace años es la paulownia tomentosa, nombre que se debe al tomento o vellosidad que recubre el envés de sus hojas. Esta especie de paulownia se usa en jardinería en Europa desde 1834, debido a su alto valor ornamental, tanto por sus flores, que van del blanco al rosa, al violeta o al azul, dispuestas en panojas de hasta 30 cm. de longitud, como por el gran tamaño de sus hojas, sobre todo en árboles jóvenes, cuya forma recuerda a los inexpertos, o a quienes la observan desde lejos, a las catalpas. De hecho, una de las especies se denomina paulownia catalpifolia (del latín, hojas de catalpa).
Sin embargo, las que más se utilizan en explotaciones forestales son la paulownia elongata, la paulownia fortunei y la paulownia kawakamii. Y lo que suele ser más habitual por diversas ventajas, variedades híbridas entre estas.
Los híbridos suelen representarse con un signo x entre las especies hibridadas, por ejemplo, paulownia fortunei x elongata, aunque algunos productores de plantones de paulownia omiten el origen y dan un nombre comercial a sus variedades seleccionadas, pues no sólo el origen da las características, sino la selección previa.
Una ventaja de estos híbridos es la mejoría sinérgica de la combinación de los parentales, superando a éstos, pero otra es la esterilidad, lo que evita que una especie que podría llegar a ser invasiva se convierta en plaga por los alrededores de la plantación (ver capítulo de micropropagación).
Las paulownias son árboles caducifolios, aportando en el otoño una rica y abundante capa de hojarasca de rápida descomposición. Este compostaje mejora la calidad del suelo, tanto física, como químicamente, debido a la riqueza de nitrógeno de sus hojas, por lo que también se está plantando con la finalidad de recuperar terrenos baldíos. Sirva de ejemplo el proyecto “Kiri revolution”, consistente en la plantación de un millón de paulownias en terrenos contaminados y empobrecidos de Texas.
Asimismo, las hojas constituyen un buen forraje para el ganado, tanto en verde, como henificado. Sin embargo, hay que recolectarlas y dar de comer en otro lugar, pues el ganado que entre en la plantación comerá también la corteza de las paulownias o, si aún tienen poca altura, los brotes apicales.
Estas hojas son de gran tamaño, sobre todo en los primeros años de crecimiento dirigido, cuando no se permite al árbol brotar por los laterales y toda la fuerza la dedica a hacer crecer tronco y hojas, siendo habituales las de 40 cm de diámetro e incluso de 60cm si las condiciones son óptimas.
Al margen de los usos ornamentales, su uso forestal se basa en su rápido crecimiento, siendo el árbol de mayor generación de madera en pocos años, y de excelentes características. Por su adaptación a amplios márgenes climáticos y edafológicos, siempre que el suelo no sea muy arcilloso y el nivel freático esté a 2 m de profundidad mínima, pues sus raices son verticales y profundas y bajo encharcamiento permanente se pudren. Esas raices permiten a la paulownia buscar la humedad necesaria en climas semi áridos, siempre que los dos primeros años hayan tenido riego.
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